Alex Zanardi y el oro…

Contaba Mario Andretti, el campeón del mundo de Fórmula 1, que después del accidente llamó a Alessandro Zanardi al hospital: «Al final de la conversación, él fue quien me animó a mí­…».  El mismo carácter que ayer, casi exactamente once años después, ha llevado el italiano a proclamarse campeón paraolí­mpico de ‘handbike’. Como durante toda su vida, ha vuelto a ganar. Ahora, con dos ruedas. Otra vez, sin piernas. Con 45 años.

«No recordaba nada del accidente. Solo cuando regresé allí­ (en 2003) es cuando las cosas volvieron a la mente. Quizás es bueno que fuera así­. Mi corazón se paró siete veces aquel dí­a. Habí­a perdido un 75% de la sangre. Me quedaba menos de un litro en mi cuerpo. Lo único que el corazón bombeaba era plasma y aire fresco».

El 15 de septiembre de 2001, la vida de Zanardi cambió bruscamente en cuestión de segundos. Faltaban trece vueltas, 42 kilómetros, para el banderazo a cuadros. De repente, el italiano se cruzó en medio de la pista  al volver de boxes. El canadiense Carpentier llegó a más de 300 km/h y  arrancó de cuajo el frontal del coche de Zanardi. En coma inducido, sufrió la amputación de ambas piernas para salvar su vida. Dí­as después del accidente, todaví­a en situación dramática, Daniela, su mujer, encargó a BMW un coche especialmente adaptado mientras los médicos luchaban por la supervivencia de su marido.

11 de mayo, 2003. Antes de iniciarse la carrera del campeonato Champ Car, (también conocido como Cart) en el ovalo alemán de Lausitzring, un monoplaza rojo rodaba en solitario acercándose poco a poco a los 300 km/h. De repente, los 68.000 espectadores del circuito comenzaron a hacer la ola en las tribunas para acompañar al piloto que giraba. Era Zanardi.

Buscaba completar las mismas treces vueltas que no terminó el dí­a del accidente. Era su emocionante forma de homenajear al protagonista de tan singular carrera en solitario. Lógicamente, Zanardi andaba y pilotaba con sus piernas ortopédicas, especialmente diseñadas para la función que iba a realizar. Para esquiar o nadar, tení­a otras distintas. Porque las desarrollaba técnicamente según sus necesidades con la misma mentalidad del piloto que era.

Alex Zanardi llegó a la Fórmula 1 en 1991. Algunas carreras con Jordan, el paso a Minardi, y un espectacular accidente con Lotus en Spa, en 1993, le dejó en el dique seco durante todo el año. Volvió en 1994, pero con la desaparición de Lotus emigró a Estados Unidos. Comenzó a competir en el Champcar en 1996, y se convirtió en una de sus grandes estrellas, no solo por su talento, sino también por su gran carisma. Campeón en los dos siguientes años con actuaciones espectaculares, fue llamado por Frank Williams a la Fórmula 1. Firmó un contrato de tres años pero no funcionó, retirándose al término de la temporada 1999. En 2001 volvió al Champcar. Allí­, en Lautzisring, terminó un capitulo de su vida, y empezó otro totalmente diferente.

El italiano se planteó otro reto, y a partir de 2004 comenzó a competir en el  Mundial de Turismos con un BMW especialmente adaptado a su situación personal. Al año siguiente, en el circuito de Orschesleben, lograba su primera victoria internacional en siete años. Cuando en 2009 terminaba la experiencia con la retirada de BMW, Zanardi siguió buscando retos.

Se apasionó por el ‘handciclyng’, o ciclismo especialmente adaptado para la invalidez, concentrándose con la misma intensidad y enfoque que el derrochado en la competición automovilí­stica, llegando incluso a encargar su bicicleta, con modificaciones especialmente realizadas por él mismo, al famoso fabricante italiano de monoplazas Dallara.

En su progresión Zanardi ganó las maratones de Nueva York y Roma, y quedó segundo en el Mundial de 2011. Su gran objetivo era el oro en los Juegos Paralí­mpicos representando a Italia. En su primera aparición de Londres 2012 logró la medalla. Curiosamente, la prueba se  celebraba en el circuito de Brands Hatch, donde habí­a competido como piloto en la Fórmula 3000 en 1991, y en el Mundial de Turismos en 2008, donde acabó en el podio. Aún le queda la carrera individual, y la contrarreloj por equipos.

«Este es un gran logro, uno de los más importantes de mi vida», declaraba ayer al término de la prueba. «Estar al final del camino será triste», declaraba al canal Channel Four antes de la prueba, «porque si no soy capaz el dí­a después de encontrar un nuevo horizonte que llene mi vida, mi vida estará vací­a, así­ que me convertiré en alguien muy ocupado la semana siguiente buscando algo nuevo». Efectivamente, este ha sido su norte: la curiosidad y los retos.

Antes de su experiencia paraolí­mpica, Alex Zanardi resumió así­ su travesí­a: «He experimentado lo fantástica que es la vida, y lo fuerte que puede llegar a ser un hombre. Cada vez que pensamos ‘esto se ha acabado’, encontramos recursos internos en lo más profundo del corazón. Lo he experimentando en mi propia piel». Ayer volvió a ofrecernos a todos una nueva prueba de ello. Y, siempre, sin perder la sonrisa.