Un mural pintado por Boa…

Vicente pinta un corazón rojo en la pared del vestí­bulo de la estación de Metro de Chamartí­n mientras su amigo Carlos se concentra para dibujar una puesta de sol con todo detalle. Ninguno de los dos es un grafitero rebelde actuando al margen de la ley.

El primero tiene Sí­ndrome de Down y el segundo una discapacidad intelectual que no le permite expresarse con fluidez. Sin embargo, ambos se convirtieron ayer en artistas callejeros durante unas horas gracias a una iniciativa que se enmarca en el proyecto ‘Más Cultura = Más Inclusión’, de Plena Inclusión Madrid, que tiene la finalidad de favorecer la inserción de aquellos que sufren algún tipo de discapacidad intelectual. Más de 70 personas de este colectivo, con edades comprendidas entre los 18 y 50 años, participarán hasta el miércoles en la actividad -impulsada con la colaboración de la Fundación Repsol y Metro Madrid- para pintar un mural de tema libre que medirá más de 200 metros cuadrados. El toque artí­stico final se lo pondrá el grupo de arte urbano Boa Mistura, que el jueves marcará sobre el dibujo una frase que se quedará en la pared de la estación de forma permanente.

Todaví­a no pueden desvelar cuál será el mensaje, pero aseguran que el objetivo es incitar a los viajeros de Metro a la reflexión. Con la mascarilla puesta para protegerse y un pincel repleto de pigmento amarillo, Máximo, de 42 años, rememora su infancia dibujando a los Cazafantasmas, según explica él mismo. A escasos metros, Miguel íngel, que tiene 20 recién cumplidos, define, con pintura roja y bastante acierto, las lí­neas de lo que será un retrato. “Basta con verles la cara. Les explicas sólo lo que es un pincel y se dejan llevar. Es un gusto ver como crean mundos tan diferentes”, explica í€ngela Amer, miembro de Boa Mistura. Todo lo hacen bajo la atenta mirada de sus monitores, entre los que está Noelia Huertas, pendiente en todo momento de las necesidades que puedan tener. Con 25 años, sólo lleva cuatro meses trabajando con personas que sufren este tipo de discapacidad pero sus palabras están llenas de cariño. “Las actividades artí­sticas les abren la mente, se divierten todos juntos y además salen del centro y rompen su rutina”, explica. “Cuando empiezas -como monitora- piensas que les vas a dar apoyo tú a ellos, pero no eres consciente de lo que ellos te van a apoyar a ti”, relata con una sonrisa.

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