Un joven con discapacidad se…

En apariencia es un joven normal, pero en la práctica no sabe relacionarse. Directamente. Es incapaz de pagar un café en un bar o de ir solo a los sitios. No entiende una sonrisa porque no sabe leer entre lí­neas. El contacto fí­sico le resulta insoportable y no comprende el lenguaje corporal. Se llama José Luis, tiene 18 años y sufre sí­ndrome de Asperger, un trastorno mental crónico que le impide relacionarse porque no comprende los estados cognitivos y emocionales de otras personas.

Aún con todo, José Luis ha conseguido cursar hasta segundo de Bachillerato, y a sus 18 años se prepara para al prueba de Acceso a la Universidad (PAU). Eso sí­, el IES Abastos le han realizado una adaptación curricular y han pedido más tiempo para que realice los exámenes de acceso a la universidad. Y es que, con ayuda, José Luis puede conseguir lo que se proponga.

Sin embargo,el apoyo externo es fundamental y hace un año, la Conselleria de Bienestar Social dio un giro brusco que hace tambalear su futuro. Fabiana ha vuelto a ponerse, otra vez, su traje de «madre coraje». Y es que no es la primera vez que esta mujer remueve Roma con Santiago para conseguir que su hijo tenga el educador al que tiene derecho, o mejor dicho, al que tení­a.
Y es que la junta de orientación y evaluación de discapacitados revisó hace un año el grado de minusvalí­a de José Luis y lo rebajó del 33 al 29%.

Sin embargo, esos cuatro puntos son fundamentales para las tres únicas cosas a las que este joven tiene derecho: a un educador social, a la adaptación del programa educativo donde estudie y a alguna que otra beca. Desde entones, Fabiana Madrigal no ha parado de protestar. La siguiente revisión será el 18 de abril de 2014, pero a Fabiana le urge solucionar el asunto, principalmente, porque el próximo curso José Luis irá a la universidad y necesita «ayuda».

Y es que la mujer no entiende por qué le rebajan la calificación de grado de discapacidad si ni tan siquiera implica una paga o subvención. «Que quede bien claro que no quiero dinero porque, además, solo se concede para grados de minusvalí­a superiores al 75% y no es nuestro caso. Pero si el próximo año mi hijo empieza cualquier estudio y no cuenta con un 33%, no tendrá derecho a un educador, ni a que le adapten los exámenes, ni a que le concedan una beca, ni a nada. Y no lo pedimos por capricho. Cuando a José Luis le diagnosticaron sí­ndrome de asperger el psicólogo y el psiquiatra fueron muy claros y me dijeron: ‘señora, es un trastorno crónico, pero con ayuda puede conseguir lo que sea, como cualquier persona. Pero por sí­ mismo tendrá dificultades'».
Dicho y hecho.

Esta mujer no ha cejado en su empeño de conseguir aquello que le recomendaron los médicos. Cuando José Luis tení­a 13 años su madre no paró hasta que consiguió un educador para el instituto. Tras mucha pelea -denuncia incluida en Levante-EMV- Fabiana consiguió que la conselleria enviara una ayuda extra para él y para otro compañero que iba en silla de ruedas. «Y gracias a esta ayuda mi hijo está a punto de examinarse para la PAU, como cualquier otro», recalca Fabiana.
La mujer, además, no ha realizado todas las reclamaciones con las manos vací­as. Cuenta con varios informes médicos -incluso de entidades adscritas a la Generalitat, como el Grupo Esteco (escuela terapéutica de conducta)- donde se especifica que José Luis es una persona «dependiente».