Un 3% población es alérgica…

En la imagen, un laboratorio.Alrededor del 3 % de la población puede ser alérgica al veneno de las avispas y las abejas, especialmente aquella más expuesta a su picadura como apicultores, jardineros, bomberos o investigadores, y cada año una veintena de personas muere en España por una reacción alérgica a estos himenópteros.

Así­ lo ha asegurado la jefa del Servicio de Alergia del Hospital La Fe de Valencia, Dolores Hernández, quien con motivo de los meses de primavera y verano ha alertado de las reacciones que pueden sufrir los alérgicos a la picaduras de estos insectos.

 Aunque las picaduras de insectos producen habitualmente molestias locales que suelen durar uno o dos dí­as y desaparecen sin secuelas, en el caso de las avispas y las abejas el veneno que inyectan pueden provocar reacciones alérgicas de gravedad en personas sensibilizadas.

«No es una alergia de las más frecuentes, es esporádica pero de alto riesgo», ha señalado la alergóloga, quien ha indicado que las personas que deben tener más precaución son los que están habitualmente expuestas a estos insectos.

Profesiones de alto riesgo son las de bomberos, camioneros, jardineros, forestales, policí­as, agricultores, apicultores, investigadores, floristas y, en general, todos aquellos que realizan su actividad al aire libre.

Solo en el Hospital La Fe de Valencia se han revisado más de 150 casos de pacientes alérgicos a venenos, aunque sólo se tratan actualmente 34.

De la población analizada el 65% de los pacientes eran alérgicos al veneno de las dos especies de avispas más frecuentes en nuestro entorno y el 34%, al veneno de abeja.

En cerca del 58% de los casos que han consultado por alergia a estos dos insectos presentaban reacciones generales, como urticaria, edema, malestar general o fatiga, y el otro 42% reacciones locales.

Según Hernández, habitualmente las reacciones alérgicas frente a los venenos aparecen de forma inmediata, de ahí­ que en el caso de alergia a estos venenos se recomienda actuar de forma rápida tras la picadura y no permanecer en la zona, ya que las feromonas liberadas durante el ataque podrí­an atraer a otras e inducir nuevas picaduras.