Sanidad deja en el aire…

Sillones de hospital vací­os con máquinas de diálisis al ladoLa decisión de dejar sin tarjeta sanitaria a los inmigrantes en situación irregular a partir del 1 de septiembre tiene a muchos en vilo. Entre quienes sufren la incertidumbre con más zozobra, a tres semanas de que acabe el plazo, están los sin papeles con enfermedades crónicas. Personas que necesitan diálisis varias veces por semana o una medicación contra el cáncer o el VIH que deben tomar diariamente o en ciclos, y que carecen de información sobre cómo continuar sus tratamientos a partir del dí­a 1. Los facultativos, los centros de salud y las asociaciones tampoco tienen respuestas para ellos.

La Asociación para la Lucha Contra las Enfermedades del Riñón (Alcer) de Madrid recibió la semana pasada la consulta de un ciudadano guineano cuyo permiso de residencia caduca este mes y teme quedarse sin diálisis. Además, puede perder su sitio en la lista de espera para un trasplante. El portavoz de la asociación admite que, tras escucharle, no pudieron darle una solución. Simplemente, no saben qué va a pasar. En la misma duda vive Carmen Avellano, de 56 años. Esta chilena se somete a diálisis en su casa. «¿Tendré que devolver la máquina? Si no me hago la diálisis enfermaré aún más y me moriré», declara. En la Asociación Española contra el Cáncer (Aecc) todaví­a no han tenido ningún caso, pero una portavoz no duda de que los habrá.

A ellos se suman casos de personas con VIH como el de Manuel (nombre supuesto), un inmigrante venezolano al que la comunidad de Madrid le retiró ya la tarjeta y se quedó sin medicación. Posteriormente se la prorrogó hasta el 31 de agosto, y ha podido volver a recibirla. «En el hospital me han dicho que es la última vez que me la dan», relata.

Ante estos casos, el Ministerio de Sanidad mantiene un discurso monolí­tico. «Ningún paciente que lo necesite va a quedarse sin atención», afirma una portavoz del departamento que dirige Ana Mato. Además, añade, «el criterio médico sobre las situaciones de urgencia es el que determina la atención. Es importante recordar que no corresponde al médico que atiende a un paciente verificar su situación legal, sino determinar la atención que debe recibir».

El problema es que en urgencias no saben cómo abordar el asunto. «No ha habido ninguna instrucción sobre qué hacer», dice el presidente de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (Semes), Tomás Toranzo. «Las urgencias están para lo que están, y en esos casos solo podemos pasarle la patata caliente a otros servicios», afirma. El único caso en que podrí­an intervenir, afirma Toranzo, serí­a el de «una persona que, por una insuficiencia renal, necesitara una diálisis de urgencia. Y eso si el hospital tiene ese servicio». Para el resto, nada: ni una quimioterapia programada ni, mucho menos, una medicación de las que solo pueden conseguirse en un hospital. «Nosotros solo prescribimos lo que se va a tomar en el servicio», añade.

En ambulatorios y otros servicios sanitarios tampoco saben qué va a ocurrir con los enfermos crónicos graves. Ni centros de salud ni hospitales han recibido ninguna información sobre cómo atender a los sin papeles a los que se les desactivará la tarjeta sanitaria el 1 de septiembre. «Hemos preguntado y ni siquiera nos han contestado», afirma una médico de Atención Primaria. Tampoco en los hospitales han recibido información. «Ni un dato, ni una circular… nada», explican fuentes de gestión de un gran hospital de Madrid. Tampoco los especialistas saben a qué carta quedarse. De ahí­ que el Grupo de Estudio de Sida (Gesida) haya alertado hace 15 dí­as de que entre 2.700 y 4.600 personas pueden quedar sin tratamiento.

La situación es tan grave que hasta la consejera de Sanidad de Murcia, Marí­a íngeles Palacios (PP), apostó ayer por plantear «excepciones» a los enfermos crónicos. Palacios citó expresamente a las personas con sida, cáncer e insuficiencia renal. «No se pueden dejar a mitad porque salga una normativa, habrá que continuar y habrá que acabar con ellos», ha aseverado. Parece que tampoco ella tiene claro que eso, según Sanidad, es lo previsto.