Perros parapléjicos corren tras un…

Jasper es un perro salchicha con las patas traseras paralizadas tras un accidente«Antes del ensayo, Jasper era absolutamente incapaz de andar. Cuando lo sacábamos, empleábamos un arnés para sus patas traseras para que pudiera ejercitar las delanteras. Era desgarrador. Pero ahora no podemos evitar que pase zumbando alrededor de la casa e incluso puede mantener el ritmo de los otros dos perros que tenemos. Es absolutamente mágico».

Así­ resume la británica May Hay, dueña de un perro salchicha llamado Jasper con las patas traseras paralizadas tras un accidente, los resultados de una nueva investigación que ofrece esperanza a las personas con lesiones medulares. La supuesta magia de la que habla May Hay ha consistido en tomar unas células del sistema olfatorio y trasplantarlas a la lesión medular de Jasper y otros 22 perros con daños similares. Allí­, las células han regenerado algunos tejidos dañados, puenteando la lesión medular y permitiendo la recuperación de la movilidad de las patas de algunos perros. El caso de Jasper, que se puede ver en el ví­deo, es espectacular, pasando de arrastrarse por una cinta de gimnasio a corretear por ella.

Sin embargo, los autores, del Consejo de Investigación Médica de Reino Unido y la Universidad de Cambridge, se muestran en un comunicado «cautelosamente optimistas de que el trabajo pueda desempeñar un papel en el futuro en el tratamiento de pacientes humanos con lesiones similares, usado junto a otros tratamientos». Algunos de los perros del estudio recuperaron también el control de su intestino y su vejiga de la orina, pero su número no fue estadí­sticamente significativo.

La comunidad cientí­fica conoce desde hace más de una década las singulares propiedades de estas células de la glí­a envolvente olfatoria, situadas entre el hocico y el cerebro y capaces de regenerar las fibras nerviosas. Son las mismas células que empleó la cientí­fica española Almudena Ramón para reparar lesiones medulares en ratas y que ahora pretende aplicar en humanos. Ramón abandonó en junio su puesto en el Instituto de Biomedicina de Valencia del CSIC en medio de una polémica por un proyecto que buscaba recaudar 700.000 euros para implantar estas células a cinco personas con lesiones medulares, sin probar primero la eficacia de la técnica en primates.

El proyecto, conocido como Lázarus: levántate y anda, fue puesto en marcha por familiares de pacientes y ya ha recaudado 112.000 euros, según su web. La polémica surgió por el empeño de Ramón en dar el salto desde las ratas a los humanos, sin suficientes garantí­as.

El nuevo estudio es el primero que muestra la efectividad de estos trasplantes de células para recuperar la movilidad de perros con lesiones medulares en condiciones reales. El ensayo se llevó a cabo en animales que habí­an tenido accidentes reales, no provocados en laboratorio, un tiempo después de que ocurrieran. Los autores pretendí­an imitar las condiciones de un posible tratamiento en humanos.

Los cientí­ficos, dirigidos por Robin Franklin, de la Universidad de Cambridge, han trabajado con 34 perros, todos con lesiones medulares graves. Un año o más tras sus accidentes, eran incapaces de utilizar sus patas traseras y de sentir un pellizco en sus cuartos traseros. Un grupo de 23 perros recibió una inyección de células de la glí­a envolvente olfatoria de su propia mucosa nasal en sus lesiones medulares, mientras los restantes sólo recibieron un lí­quido inocuo. Ni los investigadores ni los dueños sabí­an qué inyección habí­a recibido cada perro.

«El grupo de perros que recibió la inyección de células de la glí­a envolvente mostró una mejorí­a considerable que no se observó en el otro grupo. Estos animales movieron las extremidades traseras previamente paralizadas y coordinaban los movimientos con las patas traseras», subrayan los autores en un comunicado. Sin embargo, advierten, las nuevas conexiones nerviosas que permitieron la recuperación «mágica» de Jasper y el resto de perros se establecieron en pequeños tramos de la médula espinal, y no en las largas distancias requeridas para conectar plenamente el cerebro y la médula.

«Estamos seguros de que la técnica podrí­a ser capaz de restaurar al menos una pequeña cantidad de movimiento en pacientes humanos con lesiones en la médula espinal, pero estamos muy lejos de asegurar que podrí­a ser capaz de recuperar todas las funciones perdidas», explica Franklin. «Es más probable que este procedimiento pueda algún dí­a utilizarse como parte de una combinación de tratamientos, junto a medicamentos y terapias fí­sicas, por ejemplo», añade el profesor. Nada de «levántate y anda», por el momento.

El estudio cientí­fico, que se publica en la revista Brain, no estaba hoy disponible en la web de esta publicación especializada. El biólogo molecular Javier Dí­az-Nido, de la Universidad Autónoma de Madrid, a falta de poder analizar las posibles limitaciones del estudio, subraya que es «un tema muy controvertido y propenso a una explotación sensacionalista», por lo que recomienda «ser extraordinariamente cautos».