Los 'urbanistas de accesibilidad', imprescindibles…

Si en el Ayuntamiento de Valdemoro hay alguien imprescindible son los urbanitas, un grupo de personas con discapacidad intelectual que complementa a diario el trabajo que realizan los funcionarios municipales.

“Indispensables y necesarios”, así­ define a este grupo de personas la coordinadora del Proyecto Urbanita de Valdemoro, Juana López. Una iniciativa pionera en la región que convierte al municipio en uno de los únicos de toda la Comunidad de Madrid que inserta a personas con discapacidad intelectual, ligera o media, dentro del organigrama del Ayuntamiento. En 2005, este plan se puso en marcha en Rivas-Vaciamadrid, en Torrejón de la Calzada y en Madrid capital, además de en Valdemoro. No obstante, solo triunfó en esta última localidad.

El Proyecto Urbanita parte de la figura del ‘urbanita 1’. En este primer contacto, las personas con discapacidad recorren las calles de la localidad por parejas. Tras finalizar la ruta, anotan en unas fichas todas las carencias o deterioros que se han encontrado en las estructuras urbanas. “Una información que transmiten a las diferentes concejalí­as para que estas las reparen o mejoren”, explica la coordinadora de esta iniciativa. A raí­z de esta figura apareció una de nueva: el ‘urbanita de accesibilidad’, que analiza también en grupos de dos personas las barreras arquitectónicas del municipio.

Pero Valdemoro no quiso quedarse con estos dos perfiles, sino que creó cinco figuras más: El ‘urbanita de apoyo al conserje’, que complementa el trabajo de dicha persona, hace fotocopia, atiende al teléfono y abre y cierra las puertas; el ‘urbanita de apoyo al préstamo bibliotecario a domicilio’, que acerca la biblioteca a las personas con movilidad reducida; el ‘urbanita de apoyo al servicio de ayuda a domicilio’, que realiza tareas de acompañamiento y compras domésticas, además de ir al médico a por recetas o a la farmacia a por medicamentos; el ‘urbanita mensajero’, encargado de trasladar mensajes entre concejalí­as; y el ‘urbanita de apoyo al área de patrimonio’, que acompaña y dirige visitas culturales guiadas en la localidad. Para López, “todos ellos hacen un trabajo muy importante y en estos momentos son imprescindibles”.

Para que estas personas puedan desarrollar todos estos trabajos es necesaria una formación previa. Aunque antes de comenzar con las clases tienen que someterse a un estudio clí­nico para determinar su grado de discapacidad. Y tras este reconocimiento, comienzan los tres meses de formación intensa en el aula en los que se les enseñan modales y diferentes formas de tratar a la gente, además de temas transversal como el medio ambiente, la igualdad de género, seguridad vial o informática. Terminada la parte teórica, los siete meses próximos realizan prácticas tuteladas, que se inician con la figura del ‘urbanita 1’.

Juana López y su equipo son los que deciden que perfil se adapta más a cada uno de los participantes en este proyecto. “En función de la figura que se les asigne reciben una formación mucho más especí­fica”, explica la responsable, “todo depende de las caracterí­sticas y habilidades de cada uno de ellos. Si alguno tiene mucha dificultad para relacionarse no le pondremos de cara al público”.

En estos momentos solo siete discapacitados tienen un puesto de trabajo en el Consistorio local, aunque anteriormente han llegado a tener 18. “La situación económica no es la mejor y desde la Concejalí­a de Acción Social, Mujer y Familia de Valdemoro no hemos podido dar entrada a más perfiles. Ahora no hay dinero para nadie y mucho menos para un sector desprotegido como este”. Estas siete personas, todas ellas de Valdemoro, trabajan cuatro horas al dí­a en el Ayuntamiento, de 10.00 a 14.00 horas. La media de edad en estos momentos es de 30 años.

“La población ha experimentado un importante cambio de mentalidad de cara a las personas con discapacidad. Ahora las comprenden, las entienden, las valoran y las respectan. Y se dan cuenta que son necesarias”, explica Juana López. Un cambio en la forma de pensar que se ha notado especialmente entre los trabajadores del propio Ayuntamiento, quienes no ven “la discapacidad, sino la capacidad de estas personas”, añade.

Y no solo pueden desarrollarse laboralmente en el Consistorio, sino que también pueden hacerlo en las empresas de la localidad. Estas, al contratar a una personas discapacitada, reciben incentivos. “Muchas de ellas desconocen los beneficios que se les ofrecen por contratarles. Algunas tienen miedo de hacerlo, se creen que no pueden”, explica López.

Esta experta visita personalmente a las empresas para resolver sus dudas, la mayorí­a desconocen que al contratarles reciben subvenciones al INEM, bonificaciones en las cuotas de la Seguridad Social y deducciones en el Impuestos sobre Sociedades, a la vez que mejoran la imagen de su empresa. Unos beneficios que interesan a ambas partes: tanto a la empresa como a los propios discapacitados.

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