Los arquitectos consideran que el…

Los arquitectos íngel B. Comeras y Antonio Estepa están convencidos de que el envejecimiento de la población española está influyendo en la concepción de los espacios públicos y privados, por lo que son conscientes del trabajo que deben hacer los profesionales para satisfacer las necesidades de todos en este sentido.

Comeras y Estepa son los coordinadores de ‘Arquitectura y discapacidad intelectual. Momentos de coincidencia’, un libro publicado por la Universidad San Jorge de Zaragoza y presentado recientemente en Madrid.
El trabajo reflexiona sobre las dificultades que pueden encontrar las personas con discapacidad intelectual a la hora de transitar por los espacios, públicos o privados, y reconoce que este tipo de barreras necesitan estudiarse desde un punto de vista distinto al de las fí­sicas. “Las barreras arquitectónicas son fí­sicas y fácilmente detectables, pero las barreras intelectuales necesitan estudiarse desde otros aspectos”, afirman estos profesionales en una entrevista realizada por Prensa UNE. “Entraremos fundamentalmente en el mundo de la cognición y eso nos afecta a casi todos. La incapacidad de reconocer el lugar donde estamos, de poder orientarnos, de sentir, circular, habitar, interaccionar, etc. son momentos habituales en los que todos podemos tener dificultades, además de las personas con discapacidad intelectual”, apuntan los coordinadores del trabajo.

 

En su opinión, las barreras arquitectónicas son aspectos relacionados con las limitaciones fí­sicas y en estos momentos “todas las nuevas actuaciones en el campo de la arquitectura deben carecer de ellas, por tener normas de obligado cumplimiento”. Sin embargo, añaden, el patrimonio existente, los edificios públicos y privados y los espacios exteriores urbanos, todos ellos anteriores a esta obligatoriedad, necesitan de adaptaciones. Y estas adaptaciones, dicen, también empiezan a hacerse.

Por último, en cuanto a las barreras intelectuales, piensan que existen estrategias e instrumentos de generación arquitectónica que pueden atender desde el principio las necesidades de las personas a las que les afectan. Y estas estrategias, aseguran convencidos, debe articularlas la propia arquitectura y no los añadidos posteriores.