José, niño prodigio ¿Un Mozart…

El mundo supo que Mozart era un niño prodigio cuando él tení­a apenas seis años, sus logros a esa edad: tocar instrumentos de tecla, componer y dar conciertos. Pero, ¿qué dirí­a el mundo si supiera que José André, de siete años, además de tocar instrumentos de tecla (desde los cuatro años), componer y dar conciertos, es invidente? De hecho quedarí­a maravillado con el talento de este niño de la ciudad boliviana de Cochabamba.

“Yo no hice nada”, así­ explica Roberto Montaño el talento que tiene su hijo, José André Montaño, para tocar el teclado, y es que la habilidad de José no es admirable solo porque tenga apenas siete años, es también admirable porque él cultiva su arte musical sin verlo.

A los dos años José André acompañaba con timbales -improvisados con botellones de agua- las piezas musicales que escuchaba su padre, “al oí­rlo nos dimos cuenta que no hací­a bulla como cualquier otro bebé, él tení­a ritmo”, asegura Roberto Montaño, a tiempo de señalar que desde entonces empezó a creer que su hijo serí­a músico.

En adelante las aptitudes innatas de José André fueron impulsadas por sus padres, pues ellos le regalaron su primer teclado cuando tení­a cuatro años, “aprendió a tocarlo en dos meses y sin la ayuda de nadie”, asegura Montaño; lo primero que aprendió fue la canción de Los Simpson, su serie favorita.

Un año después de aprender a tocar el teclado, su talento ameritó la creación del trí­o musical “José André Jazz Band”, trí­o que tiene como esencia la pasión que el niño irradia al interpretar cada una de sus canciones.

El trí­o se reúne una vez a la semana y antes de cada ensayo se oye: “Súbela más, bájala más, muy alta o muy baja”, todas son frases de José André, pues los instrumentos de cuerda son afinados según su criterio auditivo.

“Yo aprendo de él a cada instante porque es un niño que tiene el oí­do bastante desarrollado”, comenta el baterista del trí­o, Daniel Soliz, un músico que integra el grupo hace poco pero que siente placer al tocar con un niño para quien “todo es posible”.

Además José André aprende de otros grupos porque sus padres lo llevan a conciertos: “Llora cuando nos tenemos que ir, no entiende que la función terminó”, asegura Montaño.

Pese a que el padre de José André asegura no haber estimulado el talento musical de su hijo, el gusto por la música que ambos sienten es evidente ya que Roberto Montaño también hací­a música desde los once años. En la actualidad acompaña ocasionalmente a su hijo, en el trí­o, tocando el bajo.

“Cuando escucho una canción y me gusta, voy al teclado y la saco”, asegura José André, y tal dominio de las piezas musicales se hace evidente cuando se acopla sencillamente a sus músicos, que fácilmente le triplican la edad y que de hecho tienen una formación profesional.

Para el bajista del trí­o Martí­n Valenzuela, José André es un niño increí­ble, sin embargo asegura que también es exigente, “le gusta que las canciones sean tocadas de la mejor manera y si es posible sin equivocaciones. Para él todo es posible y no se rinde fácilmente”, sonrí­e agregando que su talento será aún más avasallador a medida que crezca.

A pesar de que su pasión es la música, José André no descuida sus estudios y asiste al Colegio Kepler, donde aprende a leer y escribir y a su llegada del colegio es cuando practica, “ensayo mucho”, asegura a tiempo de indicar que su canción favorita es la de Carlos Santana, “Oye como va”.

Conocerlo es emocionante pero verlo tocar es indescriptible, pues su excelente dominio sobre los dos teclados que toca -al mismo tiempo- dan cuenta que José André es un niño prodigio que supo aprovechar su don innato para mostrar a las personas que no hay “no puedo” valedero si se tiene voluntad.

Con la ternura que lo caracteriza toma la palabra para contar sobre la emoción que siente al saber que dentro de poco (29 de junio) tendrá una presentación en la Alianza Francesa junto a su grupo y una vez más erizará los corazones de quienes disfrutan verlo tocar.

Su respuesta a la pregunta ¿Cuál es tu grupo favorito? Es “José André Jazz Band”(rí­e), respuesta que sin duda demuestra que es un músico apasionado por lo que hace, “me gusta escuchar los aplausos de la gente y me encanta tocar para las personas”, concluye el pequeño artista.

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