El corazón de las mujeres…

Operación de cáncer de mamaEl peligro responde a un adjetivo: cardiotóxico. Una palabra que guarda uno de los efectos secundarios más peligrosos de algunos tratamientos contra el cáncer de mama y, precisamente por ello, sobre el que más se investiga.

Y aunque no han sido los primeros, un grupo de investigadores de la Red de Investigación del Cáncer estadounidense ha vuelto a centrarse en los posibles problemas cardiacos que los fármacos como las antraciclinas y el trastuzumab (es decir, el Herceptin) pueden producir de su toxicidad a raí­z de un estudio retrospectivo en 12.500 mujeres, que abarcan desde los 22 a los 99 años, tratadas durante los años 1999 a 2007 de un cáncer de mama invasivo.

Los resultados, publicados en ‘Journal of the National Cancer Institute’, resaltan que «las antraciclinas y el trastuzumab, sobre todo si se han suministrado de forma conjunta o secuenciada (uno detrás de otro), aumentan su toxicidad y pueden generar más problemas cardiacos, tales como insuficiencias cardiacas o cardiomiopatí­as», resume la doctora Erin Aiello Bowles, epidemióloga del Group Health Research Institute.

«Ambos fármacos se utilizan para los cáncer de mama metastásicos y como tratamiento adyuvante [es decir, que acompaña a otro tratamiento primario]. Su efectividad para contratacar la enfermedad es muy alta y en la actualidad no hay otro fármaco capaz de hacerles sombra», explica el doctor Antonio Llombart, portavoz de la Sociedad Española de Oncologí­a Médica (SEOM), del Grupo de Investigación SOLTI en Cáncer de Mama y jefe de Servicio de Oncologí­a Médica del Hospital Arnau de Vilanova de Valencia.

Según explica el Instituto Nacional del Cáncer de EEUU, las antraciclinas dañan el ADN de las células cancerosas, provocándoles la muerte; mientras que el trastuzumab, comercializado como Herceptin, es un tipo de anticuerpo monoclonal utilizado para los pacientes con cáncer de mama metastásico positivo al HER2. «Este tipo de cáncer era el peor de los de mama y afectaba entre el 15 y 20% de las mujeres que padecí­an la enfermedad», recuerda este especialista.

«Con el descubrimiento de ambos medicamentos, primero de las antraciclinas y luego del trastuzumab, se realizaron diversos estudios en los años 90 que evidenciaban que combinados sus niveles de toxicidad aumentaban, por lo que a estas alturas se recomienda que no se administren las antraciclinas clásicas con el Herceptin a la vez. Ahora, la única situación que se suministran conjuntamente es en tumores grandes de personas jóvenes y en un periodo corto de cuatro ciclos», comenta el doctor Llombart.

¿Y exactamente de qué daños hablamos? Aunque en la actualidad el doctor Llombart afirma que «no son habituales los problemas cardiológicos, aunque hay que controlar y estar prevenidos para evitarlos lo máximo posible», el estudio indica que puede haber complicaciones como cardiomiopatí­as (daño anatómico cardiaco) o insuficiencia cardiaca (manifestación clí­nica derivada de la mala función del músculo cardiaco que tiene como sí­ntomas la fatiga o la disnea), problemas que se agudizan en caso de que la paciente reciba dosis de ambos fármacos.

«La aparición de los efectos secundarios es muy variable; respecto a las antraciclinas existe relación con la dosis acumulada, y su frecuencia oscila entre el 3 y el 25%, según diversos estudios. En estos casos sus efectos dañinos son crónicos. En el caso de trastuzumab no hay relación con la dosis, y su frecuencia se calcula del 1 al 8% cuando se administra en monoterapia y hasta 15-25 % si se combina con antracicilinas», comenta la doctora Pilar Mazón, miembro de la Sociedad Española de Cardiologí­a.

En su estudio, la doctora Bowles descubrió que cerca de un 4% las mujeres habí­an sido tratadas con ambos fármacos, mientras que predominan aquellas que sólo habí­an recibido antraciclinas (29,6%), seguidas de aquellas a las que habí­an suministrado sólo Herceptin (1%). «La información que aporta este estudio es relevante porque se trata de datos de la ‘vida real’. Hasta ahora, la mayor información se derivaba de ensayos clí­nicos para evaluar la seguridad y eficacia de los fármacos, pero en pacientes seleccionados, que muchas veces no son representativos de toda la población susceptible de recibir estos medicamentos», explica la doctora Mazón.

«Aunque los datos son relevantes, hay que tener en cuenta que son antiguos. En estos fármacos se adelanta de año en año y no es lo mismo ahora que hace cuatro años, al igual que la información que disponemos de ellos y de sus efectos secundarios, por lo que un estudio así­ con datos del año pasado seguramente darí­a otros resultados», indica el doctor Llombart.

Así­, para evitar los daños cardiológicos, oncólogos y cardiólogos subrayan la importancia de un trabajo de ambas especialidades en conjunto «que ayude a evitar riesgos futuros», indica la doctora Mazón.

En la actualidad, existen diferentes protocolos de tratamiento quimioterápico con estos fármacos: en monoterapia, secuenciales, combinados y, a veces, con radioterapia. «Para decidir cuál es el más conveniente para la paciente, y teniendo en cuenta que se recomienda no dar sesiones secuenciales o combinadas, ya tenemos información suficiente como para conocer qué pacientes pueden tener problemas cardiacos y evitarlos», indica el doctor Llombart.

«De esta manera, para poder recibir Herceptin de forma rutinaria hacemos antes estudios cardiacos a la paciente con la intención de descubrir cómo es su función ventricular ya que se sabe que ambos fármacos reducen la contractilidad del corazón. Además, las pacientes de más de 65 años o aquellas que tienen antecedentes de hipertensión o problemas cardiacos anteriores son una población en riesgo con la que hay que tener cuidado e incluso podemos barajar otras opciones de tratamiento», afirma este especialista.

A su vez, la doctora Mazón también recalca que «en el caso de las antraciclinas, existe una relación directa con la dosis acumulada, por lo que es muy importante evitar alcanzar dosis que han demostrado mayor cardiotoxicidad. En relación al trastuzumab a veces hay que espaciar la administración de los ciclos si ha habido deterioro de la función cardiaca, para permitir su recuperación».

Mientras que la doctora Bowles reconoce que «estos tratamientos están suponiendo en muchas mujeres la diferencia entre la vida y la muerte; es importante que también sean conscientes de los peligros que entrañan». Pero pese a ellos, todos los especialistas reconocen que «a fecha de hoy no hay mejores fármacos que éstos y sus resultados son sorprendentes. Llevado un buen control no hay riesgos y ahora a un cáncer de mama como el HER2 se puede sobrevivir en un 85% de los casos. Además, se sigue investigando para reducir estos efectos nocivos», relata el doctor Llombart.

Así­, la doctora Mazón resume: «La potencial cardiotoxicidad de los fármacos para el tratamiento del cáncer, que muchas veces pueden curar la enfermedad, no debe ser una contraindicación para su administración, pero exige una evaluación detallada de las pacientes antes de su inicio y un control periódico durante el tratamiento. Por ello, es muy importante que oncólogos y cardiólogos trabajen juntos en este proceso».