Diez de cada 100 niños…

En la imagen, dos recipientes con sal sobre la mesa de un restaurante.Alrededor del 10% de los niños y adolescentes españoles tiene hipertensión arterial, un problema que los especialistas relacionan con las cada vez más elevadas cifras de sobrepeso en la infancia.

«La obesidad se ha convertido en el principal factor de riesgo cardiovascular, ya que la prevalencia de hipertensión entre niños obesos puede superar el 30%», según indicó este sábado Francisco de la Cerda, pediatra del Hospital Universitario de Virgen del Rocí­o de Sevilla. El doctor de la Cerda hizo esta consideración en su intervención en el 62º Congreso Nacional de la Asociación Española de Pediatrí­a (AEP), que se celebró este fin de semana en la ciudad hispalense. Pero además del sobrepeso, el facultativo señaló que hay otros factores de riesgo relacionados con la tensión arterial elevada, como son el sedentarismo, la ingesta de sal o el consumo de alcohol, entre los adolescentes.

A esto hay que sumar, según el especialista, el excesivo uso de grasas, provenientes, principalmente, de productos precocinados y de la bollerí­a industrial, cuyo consumo está cada vez más popularizado entre la población infantil. El pediatra explicó que los sí­ntomas más comunes de la hipertensión en los niños son el dolor de cabeza, el sangrado por la nariz o, en casos más graves, las alteraciones neurológicas o de la función de corazón, riñones y ojos.

No obstante, puntualizó, «en la mayorí­a de los casos», la hipertensión arterial en los pequeños es asintomática, lo que dificulta su diagnóstico y tratamiento. Sin embargo, apuntó, «subidas leves de la presión arterial en edades tempranas se traducen en hipertensión severa en la edad adulta, lo que conlleva un mayor riesgo de sufrir serias complicaciones cardiovasculares», por lo que resaltó la importancia del control del problema durante la infancia.

Por último, según reiteró, «ese control» consiste en «bajar el peso del niño, que debe hacer ejercicio fí­sico con regularidad y seguir una dieta sana y equilibrada en la que haya poca sal, azúcar y grasas saturadas, y mucha fruta y verdura, además de proteí­nas».