'Da Vinci', un robot que…

El robot Da Vinci es el sistema de cirugí­a robótica más avanzado del mundo y es aplicable a un número prácticamente ilimitado de intervenciones quirúrgicas, si bien ha tenido mayor implantación en urologí­a por las dificultades de visualización del campo quirúrgico (por ejemplo, en prostatectomí­as y en cirugí­as de la pelvis).

La incorporación de otras especialidades (cirugí­as del tiroides, ginecológica, otorrinolaringológica, cardiaca y torácica…) abre nuevas indicaciones para esta herramienta, aunque también es necesario explicitar y cuantificar los beneficios que justifican su sobrecoste, según se ha puesto de manifiesto en la II Jornada Multidisciplinar de Cirugí­a Robótica, organizada por la Unidad de Cirugí­a Robótica del Hospital San Jaime (Torrevieja, Alicante), perteneciente al Grupo Hospitalario Quirón, y la Fundación Tedeca.

Según ha explicado a Diario Médico Roberto Ferrándiz, gerente del Hospital San Jaime, «todo el mundo conoce y reconoce que la tecnologí­a Da Vinci supone un sobrecoste fruto de los materiales especí­ficos, la inversión de la tecnologí­a y el mantenimiento del propio equipo». Sin embargo, ha matizado, «también se reconoce que su aplicación genera beneficios tanto para el paciente como para el propio clí­nico».

Entre las ventajas que aporta, los expertos destacan menor estancia hospitalaria, mayor rapidez en la recuperación, menos complicaciones y menor porcentaje de reingreso. Por otro lado, en lo referente al paciente, la tecnologí­a robótica implica menos secuelas y efectos adversos. Estas posibilidades y beneficios, según Ferrándiz, «justifican el sobrecoste de esta tecnologí­a», aunque también ha reconocido que es necesario realizar estudios y valoraciones de coste-efectividad para fortalecer y avalar esas impresiones y premisas.

«Uno de los retos que tenemos que asumir los gestores, directivos y profesionales es precisamente evidenciar de manera global las mejoras que aporta la tecnologí­a: qué implica una mayor recuperación del paciente y su vuelta a su vida normal, qué valor tiene la reducción de efectos colaterales, como la impotencia… Desde un punto de vista de coste-efectividad, es necesario cuantificar todos los beneficios que aporta la tecnologí­a y, para ello, son necesarios los estudios económicos», ha expresado.

En este sentido, ha recordado que dado el número de equipos en nuestro paí­s (22, doce de hospitales públicos y diez de privados) y la experiencia acumulada en su manejo, por ahora sólo se dispone de indicadores más o menos parciales de centros o equipos con una mayor actividad.

Y aunque «van dando la razón» sobre el coste-efectividad del Da Vinci, Ferrándiz ha insistido en la necesidad de mejorar ese conocimiento.

Los especialistas reunidos en la jornada coinciden tanto en la necesidad de optimizar los equipos actuales como en favorecer un mayor consenso sobre su uso. «Como todas las tecnologí­as, y sobre todo las más caras, uno de los principios básicos en el Da Vinci debe ser el de la optimización. En este sentido, reconocemos que nuestros equipos tienen aún más capacidad de ser utilizados, y cuánto más lo sean, menores serán el coste de repercusión de la tecnologí­a y las curvas de aprendizaje y mayores los beneficios».

En relación con los profesionales, «los clí­nicos tienen que favorecer un mayor consenso sobre el uso de tecnologí­as y probablemente las sociedades cientí­ficas tienen aquí­ un papel importante». En este contexto, «la realidad es que los profesionales que no tienen una tecnologí­a, no la usan….pero tampoco la recomiendan o indican», incidiendo en la necesidad de aumentar ese conocimiento, ya que «quien conoce la cirugí­a robótica, laparoscópica y abierta, tiene un criterio más amplio a la hora de evaluar la tecnologí­a».